LA ADOLESCENCIA Y EL SÍNDROME DE ASPERGER

Autora: Barbara Fowler

 

Traducción: Ana G. Carbajal

Artículo original en inglés en: www.suite101.com/article.cfm/6806/88617

 

Tengo la suerte (o la desgracia, según como lo mires) de tener dos hijos entrando en la adolescencia al mismo tiempo. Mis hijos sólo se llevan 15 meses entre ambos; el mayor tiene Síndrome de Asperger. Hay una gran diferencia en la forma en que cada uno de ellos está enfrentándose a la llegada de la adolescencia.

 

Aunque veo que mi hijo menor está realmente disfrutando de un cierto grado de popularidad, libertad e independencia, aún demanda que se cuide de él en ciertas situaciones (no está aún lo bastante preparado para abandonar la niñez, pero está en ello).

 

Mi hijo mayor (que siempre se pareció a Peter Pan) está teniendo grandes dificultades con esta etapa de su vida. ¡Parece estar luchando a cada paso del camino!

 

Durante el crecimiento del vello, el cambio de voz y la aparición de las espinillas, mi hijo se quejaba amargamente de su pubertad, claramente sorprendido por los cambios que estaban produciéndose en su cuerpo. Nunca había sido consciente de su propia apariencia y no estaba especialmente preocupada por causar “buena impresión” arreglándose el pelo, vistiendo elegantemente o lavándose los dientes. Cualquier ruego por mi parte se encontraba siempre con el “bueno, al que no le guste lo que ve no tiene porqué mirarme”. Había desarrollado una cierta capacidad de menospreciar a su hermano, que se pasaba horas arreglándose frente al espejo.

 

Lo bueno de la actitud de mi hijo hacia la última moda, es que sé que le dará igual. Tiene unos intereses definidos, y llevar ropa de marca no es uno de ellos. Mi hijo pequeño, sin embargo, moriría antes de ponerse para ir al colegio algo que no llevara un nombre de una gran marca deportiva.

 

La independencia parece ser un  motivo de preocupación para mi hijo mayor. Da un paso para adelante y dos hacia atrás. Por ejemplo, debido a sus dificultades para ir de un sitio a otro, siempre le recogía del colegio o, hasta este año, tenía a un chico mayor que le acompañaba andando hasta casa. Este año, con su hermano menor en el mismo colegio, podían venir a casa andando juntos. Este plan duró unos dos meses, entonces mi hijo mayor decidió que prefería venir a casa solo porque así llegaba antes y no tenía que soportar a la cantidad de gente con la que estaba su hermano. Después de un mes viniendo a casa solo, mi hijo decidió que en realidad no le gustaba hacerlo porque le asustaba que le atropellara un coche. Así que he vuelto a tener que recogerle del colegio cada día, y sé que algún día, cuando esté preparado para asumir la responsabilidad otra vez, me lo hará saber. El consejero escolar me advirtió que esto de “dar un paso adelante y dos atrás” es muy común entre los adolescentes y podía llevar todo un año el que mi hijo se llegara a sentir cómodo para volver andando a casa desde el colegio.

 

La mayor dificultad para mi hijo mayor parece ser el hecho de que sus compañeros estén cambiando, y del mismo modo en que parece contento de aceptar los cambios en sí mismo, no le gustan los cambios en sus amigos. Cuando sus amigos traen sus “nuevas personalidades” lo encuentra muy confuso. Parecen diferentes, hablan diferente y actúan diferente frente a él. La adolescencia es a menudo el momento más difícil para un niño con Síndrome de Asperger, debido al hecho de que sus compañeros no están dispuestos a tolerar por más tiempo a alguien que parezca diferente. En un esfuerzo para ayudar a mi hijo a permanecer en contacto con sus amigos, el profesor de apoyo le permitió invitar a un amigo a la sala de Educación Especial a la hora del almuerzo para jugar a juegos de mesa, juegos manuales, etc. Esto resultó bastante provechoso para mantener a mi hijo relacionado con algunos amigos que ahora parecían tan distintos; yo apenas podía reconocerlos y eso que no tengo prosopagnosia, que provoca que mi hijo no reconozca a alguien si cambia su color o estilo de peinado, etc.

 

Los adolescentes, debido a los desequilibrios hormonales, pueden desarrollar cambios de humor, depresión y ansiedad y yo sólo encuentro una diferencia con mi hijo menor. El pequeño nunca fue un niño malhumorado, siempre tenía una actitud positiva y una disposición animada, prefiriendo participar en la interacción social antes que en entretenimientos solitarios (es completamente diferente a su hermano). Desde que entró en la adolescencia, desarrolló perfiles de cambios de humor, volviéndose más cambiante y más propenso al enfado de lo usual. Mi hijo mayor siempre tuvo un carácter más variables, era cambiante y podía montar en cólera en un abrir y cerrar de ojos. Si hay algo en lo que haya mejorado en los últimos uno o dos años, cuando comenzó a desarrollar su independencia de “quién es”, es su malhumor.

 


Próximas Actividades

asamblea 14

Estamos en:

twitter

 

 

Foro de la Asociación