Autismo vs Síndrome de Asperger (por Angeles López para elmundosalud.com)
El autismo no es lo mismo que el síndrome de Asperger. En el primero, todas las alteraciones
son muy evidentes en los tres primeros años de vida. En los aspergerianos no
existe evidencia de retraso cognitivo y en su gran mayoría tienen una capacidad
intelectual por encima de lo normal.
Los autistas presentan retraso en el lenguaje en cambio los segundos tienen un
vocabulario
sorprendente porque es 'pedante' o demasiado culto, además está muy relacionado con el tema
por el que estén interesados. En cambio, no todas las limitaciones son para los autistas ya
que la torpeza de movimientos parece ser característica sólo en el síndrome de Asperger,
aunque no hay un consenso de los expertos sobre este rasgo y además la variabilidad de las
alteraciones entre los afectados en muy alta.
Los aspergerianos suelen presentar una buena memoria de repetición, sobre todo de aquello que
más les motiva, sea especies de dinosaurios, tipo de aviones, etc. Aunque son muy capaces para
el almacenamiento de muchos detalles, el principal problema viene para integrar esa información.
El diagnóstico del síndrome de Asperger es difícil y en muchas ocasiones se realiza en la
adolescencia o más tarde, aunque muchos padres empiezan a detectar que su hijo es diferente cuando
tiene entre dos y siete años. Las principales características son un desarrollo social anormal
(tienen muy pocos amigos o ninguno), un uso del lenguaje extraño (inventan palabras, repiten
frases o aprenden a leer por sí mismos) y la presencia de rutinas y rituales (comer siempre en un
mismo plato o interesarse por un tema de forma desorbitada).
Según Mª Jesús Mardomingo, jefa del Departamento de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio
Marañón de Madrid, «todavía no se conocen las causas exactas que originan este trastorno».
No obstante, sí se sabe algo de los factores implicados en el autismo, que son similares en el
síndrome de Asperger, y que abarcan las alteraciones genéticas (es cuatro veces más frecuente en
el sexo masculino), los factores intrauterinos y los del parto como la anoxia –falta de oxígeno—
que da lugar a un desarrollo neurológico anormal. Las estructuras cerebrales dañadas, según esta
psiquiatra, son la corteza, la amígdala y el hipocampo, son áreas muy importantes para el
aprendizaje y las emociones.
«Es evidente que hay una base neurobiológica», afirma Mercedes Belinchón, profesora de psicología
de la UAM, que explica que estas causas pueden ser de naturaleza muy distinta, y en muchos casos
no hay un origen identificado. Lo que sí está demostrado es que su origen no es sociológico. Las
infecciones durante el embarazo podrían producir estos trastornos, pero esta psicóloga insiste
que «no hay una sola causa, sino muchas».
No hay estudios claros sobre la incidencia de estos trastornos, en unos se dice que el número de
afectados por autismo es de uno por cada 15.000 sujetos, aunque cuando se habla del 'espectro
autista', alteraciones menos graves, la frecuencia aumenta a uno por cada 1.000 individuos y
disminuye a uno de cada 100 cuando se habla de las formas leves de autismo. En cuanto al
síndrome
de Asperger, del que hay menos investigaciones, parece que suele darse en uno de cada 300
y que es por lo menos entre dos y tres veces más común que el autismo infantil, aunque los
expertos no lo afirman rotundamente debido a la variedad de los datos.