Biopsicología
El trastorno de Asperger representa una subclase de los trastornos generalizados del desarrollo
y se caracteriza por una alteración social cualitativa, la ausencia de retrasos significativos
del lenguaje y la cognición e intereses y conductas restringidas.
Descripción clínica
El trastorno de Asperger es similar al trastorno autista excepto en que existe una preservación
parcial de las habilidades de lenguaje y cognitivas. También tiende a existir una mayor
inteligencia y una menor prevalencia de retraso mental (sólo el 12% de los niños con trastorno
de Asperger tienen CI por debajo de 70). A pesar de ello, estas personas suelen malentender los
mensajes no verbales, presentan marcadas dificultades con las relaciones interpersonales
(especialmente en grupo), se centran repetitivamente en temas de conversación que les interesan a
sólo ellos, no parecen especialmente empáticos, hablan con una inflexión y una variación del
tono anormal, pueden ser relativamente inexpresivos afectivamente y tienden a tener pocos amigos.
Sin embargo, las personas con trastorno de Asperger son con frecuencia bastante sociables y habladoras
y pueden establecer lazos afectivos con los miembros de la familia (Frith, 1991). Suele iniciarse
habitualmente más tarde que el trastorno autista. El curso tiende a ser estable a lo largo del
tiempo, con frecuencia con algunas mejorías graduales.
Etiología
Su etiología no está clara. Por familias se da una incidencia alta del trastorno. Cerca del 30%
de los paciente presentan anormalidades en el EEG y el 15% muestra alguna evidencia de atrofia
cerebral. Actualmente se desconoce la causa de este trastorno, pero la similitud con el autismo
ha hecho que se propongan hipótesis genéticas, metabólicas, infecciosas y perinatales.
Diagnóstico diferencial
La principal diferencia debe establecerse con el autismo, donde los síntomas se manifiestan ya en
el primer mes de vida, el niño camina antes de hablar, la adquisición del lenguaje está retrasada
o ausente, y cuando se desarrolla, carece de fines comunicacionales, el contacto ocular es pobre
porque vive en su propio mundo e ignora a los demás, y el pronóstico es sombrío porque se trata
de un proceso psicótico. Por el contrario, el Trastorno de Asperger tiene un comienzo más tardío
(a partir del tercer año de vida), el niño habla antes de iniciar la deambulación, e intenta
comunicarse aunque de forma unilateral, evita el contacto ocular, y vive en nuestro mundo pero
a su manera, siendo su pronóstico más favorable por tratarse de un rasgo de personalidad.
También sugería que el Trastorno de Asperger era un rasgo familiar transmitido a la línea
masculina, mientras que el autismo ocurría cuando el niño que heredaba el rasgo, también padecía
un daño cerebral (Torres, Caballero y Rodríguez Sacristán, 2001).
El estatus del trastorno de Asperger como un trastorno distinto del trastorno generalizado del
desarrollo es cuestionable y muchos especialistas creen que se trata de una versión leve del
trastorno autista (autismo de "alto funcionamiento" ) más que de un trastorno distinto (Gillberg,
1989; Rapin, 1991). De forma alternativa el trastorno de Asperger puede ser considerado, al menos
heurísticamente, como una versión del autismo sólo del hemisferio derecho, dado que ambos
trastornos comparten las siguientes características:
- Aislamiento social, egocentrismo y falta de interés por las ideas o sentimientos de los demás.
- Marcado predominio de varones.
- Ausencia de utilización del lenguaje con fines comunicacionales, inversión pronominal, discurso pedante, tendencia a inventar palabras, lenguaje idiosincrático, y ecolalia.
- Alteraciones en la comunicación no verbal, como pobre contacto ocular, escasa expresión gesticular y entonación peculiar.
- Ausencia de juego imaginario y flexible.
- Patrón de actividades repetitivas e intereses restringidos, destacando preocupación por la invariabilidad del entorno, apego por determinados objetos y movimientos estereotipados.
Respuestas anómalas a los estímulos sensoriales, que se manifiestan por reacciones desproporcionadas a estímulos inocuos o aparente hiposensibilidad al tacto, dolor y temperatura.